O quizá mejor…

Pensando en los jugosos y efervescentes trabajos que me encontraré en este último Madrid Fashion Film Festival de resaca de Halloween, me sorprendí fantaseando con cómo sería ese magnánimo e ideal fashion film soñado por mí…

Un vídeo capaz de arrancarme del mundo real, de la vulgaridad de la cotidianeidad, capaz de revelarme la maravilla que aguarda a la vuelta de la esquina. En un fashion film todo debe más que en la realidad: la rubias deben ser más rubias, la lluvia torrencial, el brillo cegador, los feos guapos, las gordas descomunales… Mia Farrow, en ‘La Rosa Púrpura del Cairo’, la entrañable y descorazonadora comedia de Woody Allen, acudía al cine a ver películas de Fred Astaire y Ginger Rodgers para olvidar sus problemas del día a día, para imaginar que estaba dentro de esas películas. En una época (esta de hoy en día) en la que el cine es igual de vulgar y a veces incluso más que la vida real, el fashion film perfecto debe hacer la función emocional de aquellas películas de Fred Astaire del Hollywood dorado; debe ser ese bálsamo de ensoñación que calme el picor de la desazón contemporánea, debe dar consuelo al mundo y lo que es aún más importante; ganas de soñar.

Quizá ese vídeo ideal sería un vídeo en el que veríamos y admiraríamos al andrógino Ezra Miller (terrorífico en “Tenemos que hablar de Kevin” de Lynne Ramsay y encantador en “Las ventajas de ser un marginado”, homenaje al cine de John Hughes) vestido de Josh Reim (uno de los diseñadores que mejor han sabido trasladar la estética Tumblr al mundo de la moda, de las prendas físicas), dirigido por Giorgos Lanthimos (director de las turbadoras “Canino” y “Alps”, resurgir del cine griego).

 

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En dicho vídeo veríamos a Ezra en diferentes situaciones relacionadas con la cleptomanía… Me fascina la gente que roba cosas que no necesita, como si fueran urracas humanas. Gente con un alto poder adquisitivo que, sin embargo, sienten el incontrolable impulso de hurtar objetos inanes. Ezra robando unos bombones de una chocolatería, unas bolas de cristal de una tienda de navidad, un collar de rubíes de una joyería (pues para él tiene el mismo valor un paquete de chicles que un anillo de esmeraldas), etc… La música sería de Chvrches.

O quizá mejor… Podría ser una escena en la que apareciese Molly Bair, esta top model maravillosa que es como una pequeña hada madrina malvada, un pequeño monstruo bellísimo (pues esa es la gente que quiero ver en un fashion film, gente con la que no me encuentro a las nueve de la mañana en el metro) vestida por Jacquemus (el diseñador sex symbol que ha sabido asimilar toda la tendencia geométrica post-Memphis Milano y traducirla en inefables prendas).

 

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En este vídeo, Ren Hang, uno de mis fotógrafos favoritos, retratista de la extrañeza del gesto y del límite de los cuerpos, mostraría a una Molly Bair adicta al juego, en los casinos más alucinantes del mundo, jugando al poker, a los dados, dándole bien a la palanca de las máquinas tragaperras, con sus sonidos y sus luces parpadeantes que te llaman a apostar. La reivindicación del vicio, del error, sofisticar aquello que no está aceptado por la sociedad. Aquí pegaría música de Alunageorge, desde luego. O quizá mejor…